You are here: HomeNews AcribisSeñalan a los anticolinérgicos como posible factor de riesgo de demencia

Captura de Pantalla 2019-07-04 a les 11.53.51 Un amplio estudio vuelve a relacionar estos medicamentos que se usan en depresión, incontinencia urinaria y Parkinson entre otras muchas indicaciones, con deterioro cognitivo grave. Los investigadores de la Universidad de Nottingham apuntan que hasta un 10% de los diagnósticos de demencia podrían estar relacionados con su consumo.

De nuevo, un estudio vuelve a vincular la toma de medicación anticolinérgica con demencia. Investigadores de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) publican en JAMA Internal Medicine los resultados de un amplio estudio que asocia el tratamiento diario con anticolinérgicos potentes durante tres años o más con un aumento del 50% del riesgo de desarrollar deterioro cognitivo grave.

La investigación, liderada por Carol Coupland, se basó en el análisis de los registros médicos de 58.769 pacientes con diagnóstico de demencia y 225.574 pacientes sin deterioro cognitivo y se analizó la exposición a estos medicamentos durante diez años, de 1 a 11 años antes del diagnóstico de demencia.

Fármacos implicados

Los anticolinérgicos en general, y específicamente antidepresivos, antipsicóticos, antiparkinsonianos, antiepilépticos y medicamentos para la incontinencia urinaria, se asociaron con deterioro cognitivo grave tras aislar el efecto de otros factores de riesgo.

Sin embargo, ciertos anticolinérgicos, como antihistamínicos y medicamentos gastrointestinales, no se vincularon a este riesgo.

Hace poco más de un año, British Medical Journal (BMJ) publicaba una investigación similar a la aparecida en JAMA Internal Medicine que comparaba los datos de 40.770 adultos con diagnóstico de demencia con los de 283.933 controles y llegaba a conclusiones parecidas.

“El efecto de los anticolinérgicos sobre el riesgo de demencia es conocido desde hace muchos años y se han publicado muchos trabajos”, señala Juan Gibert, catedrático emérito de Farmacología de la Universidad de Cádiz.

Para el experto, “el que la administración crónica aumenta el riesgo en personas genéticamente predispuestas es una hipótesis bastante lógica, pero no hay datos que permitan asegurar que predispongan a cuadros de demencia en la población en general”.

Efectos adversos conocidos

Entre las reacciones adversas conocidas de estos medicamentos figuran los estados de confusión, pérdida de memoria o desorientación, recuerda Ángel Martín, vocal del Grupo de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

“Sin embargo, por definición, en las demencias degenerativas estos síntomas son persistentes y progresivos mientras que, como efecto secundario de los anticolinérgicos, cabría esperar que estos síntomas fuesen transitorios y desapareciesen al retirar el fármaco”.

Dado que es un estudio observacional no se pueden extraer conclusiones firmes sobre esta posible relación. “Resulta difícil establecer relaciones causales al no poder valorar con exactitud la situación cognitiva de los pacientes antes de iniciar el tratamiento con estos fármacos y porque muchos de estos medicamentos se indican ante síntomas que podrían aparecer en la fase inicial de una demencia, como la depresión, el temblor o la ansiedad”, advierte el portavoz de la SEN.

Factor de riesgo evitable

De confirmarse que existe causalidad, un 10% de los diagnósticos de demencia podrían atribuirse a la exposición a fármacos anticolinérgicos. Este porcentaje sería superior al que se atribuye a otros factores de riesgo, como la hipertensión en la mediana edad (5%), la diabetes (3%), el tabaquismo (14%) y el sedentarismo (6,5%).

Con la diferencia de que actuar sobre la prescripción de anticolinérgicos sería mucho más sencillo que hacerlo sobre factores relacionados con el estilo de vida como la dieta o el ejercicio, apuntan Noll Campbell, Richard Holden y Malaz Boustani, investigadores del Instituto Regenstrief, en Indianápolis (Estados Unidos), en un editorial publicado por la misma revista en el que comentan los resultados de la investigación.

Con todo, estos científicos señalan que aunque tanto ellos como otros autores han identificado “un vínculo sólido y consistente” entre anticolinérgicos y deterioro cognitivo en estudios observacionales, la única vía rigurosa para establecer una relación de causa y efecto la representan los ensayos clínicos.

Ensayos clínicos
En este sentido, hacen un llamamiento al desarrollo de este tipo de estudios aleatorizados con el objetivo de determinar el efecto de la deprescripción de anticolinérgicos como factor de riesgo potencialmente modificable y reversible.

En la mayoría de los casos, existen alternativas al tratamiento con fármacos anticolinérgicos, afirma el neurólogo. Así, los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina tienen menos efectos anticolinérgicos que los tricíclicos, y en cuanto a los antiparkinsonianos, estos fármacos “han sido superados en efectividad y seguridad por otros tratamientos, reservándose en la actualidad únicamente para casos seleccionados”.

Escalado de dosis

Si no queda más opción que recurrir a un anticolinérgico potente en pacientes vulnerables, Lorena Rivera, del Centro de Información del Medicamento del COFB, recomienda iniciar el tratamiento con dosis bajas e ir aumentando de forma gradual hasta la mínima eficaz y revisar periódicamente la medicación, “sobre todo en aquellos que presenten algún síntoma de afectación cognitiva”.

“Las personas de edad avanzada tienen mayor probabilidad de ser tratadas con este tipo de fármacos y, por lo tanto, están más expuestas a sus efectos secundarios”, expone la experta. Los efectos cognitivos dependerán de factores como la carga total anticolinérgica, la función cognitiva basal y la variabilidad individual. “Ya que el metabolismo y excreción de estos fármacos se ven disminuidos con la edad y el cerebro tiene menor actividad colinérgica a medida que envejece, es relativamente fácil rebasar los mínimos”.

Fuente: Correo Farmacéutico